En sus 11 tesis sobre la política, Jacques Rancière refiere que la esencia de la política es la manifestación del disenso, dado que manifiesta la presencia de más de un mundo. Esta definición sintética y desplegable de un concepto tan debatido en la vida diaria, puede resultar una gran herramienta para pensar la confluencia en estas semanas de abril, en esta víspera al día de los trabajadores, de los hechos que tuvieron lugar en nuestro país y la temática a abordar en este nuevo ANDÉN.

 

El populismo es uno de esos grandes temas en que nuestras naciones tienen mucho para decir. Desde su historia hasta la actualidad que transitamos, no ha dejado ni dejara de ser uno de nuestros rasgos fundamentales.

Los caminos comunes del pensar, las determinaciones de gran parte de la intelectualidad y de los grandes medios de comunicación, encuentran al populismo y a lo popular directamente vinculado al asistencialismo, a la falta de institucionalidad, al despilfarro de recursos, a los punteros políticos, al engaño, a la demagogia y la utilización de aquellos “manipulables” para la consecución de causas ajenas a sus propios intereses y los del país.

De un modo muy diferente lo entienden pensadores como Rodolfo Kusch, quien lejos de toda pretensión de reconocimiento epistémico, afirmaba que es el pensamiento popular y no el pensamiento culto lo que subyace, el que funda las líneas generales del pensar en general. A pesar de lo cual, la sociedad da entidad a las palabras de los “profesionales”, científicos e intelectuales. Ernesto Laclau es otro de nuestros intelectuales que han trabajado intensamente el tema, incluso al punto de ponerlo patas para arriba. Laclau entiende que el populismo debe pensarse como modo de hacer política que permite ampliar la democracia: «Cuando las masas populares que habían estado excluidas se incorporan a la arena política, aparecen formas de liderazgo que no son ortodoxas desde el punto de vista liberal democrático, como el populismo. Pero el populismo, lejos de ser un obstáculo, garantiza la democracia».

El populismo, entonces, a través de la inclusión de aquellos sujetos olvidados y borrados de la contienda política, irrumpe otorgando voz a quienes no la tienen, o mejor dicho, aquellos excluidos y silenciados, irrumpen otorgándose la voz, haciéndose protagonistas, chocando con las estructuras tradicionales de la sociedad y generando su propio momento político. El viernes 29 de abril cientos de miles de trabajadores se congregaron en la 9 de julio y generaron su momento político.

A esta altura, vistas las manifestaciones de todo el arco político (propios y ajenos), los medios de comunicación (propios y ajenos), doña rosa (propia y ajena), nadie puede dudar de que se dio una lección de política y de democracia, por lo menos si entendemos la políticas en los términos introducidos al comienzo de esta reflexión. El hecho confrontó directamente con los intereses de la oposición y fue fiel y leal a los principios del gobierno de turno. Ahora bien, en un ejercicio de comprensión de los hechos acaecidos, vale preguntarse por quién es el sujeto político en cuestión. En ese orden ¿es CFK, a partir del apoyo recibido por el aparato político más importante de nuestro país?, ¿es Moyano como cabeza y representante indiscutido de los trabajadores?, ¿o son más bien los trabajadores que irrumpen como la diferencia? Determinar cuál es el sujeto, por más que parezca algo menor, puede llegar a reconfigurar el modo de entender los actos políticos de nuestro país. Dejamos la incógnita abierta por el momento y dedicamos algunas líneas a presentar dos hechos de los más importantes de estas semanas.

I.- En el acto por el día del trabajador, Moyano delineó, con los trabajadores como respaldo, el futuro político pretendido. En principio y fuera de toda duda apoyó sin titubeos la reelección de la presidenta. Pero no por ello renunció a las pretensiones de inclusión de los trabajadores en las listas. Asimismo bregó por la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, el ideal del “fifty-fifty” y la regulación de las empresas prepagas de salud.

II.- El Estado intenta proporcionar el número de representantes en los directorios de las empresas en que Anses tiene un importante paquete accionario, hasta el porcentaje que le corresponde. Al parecer, el consenso se lograría, impulsando perfiles que se adecúen más a las expectativas empresariales, con las que, hasta el momento, el gobierno no parecía enfrentar grandes conflictos. Para concluir este espacio editorial pretendemos reflexionar brevemente estos dos hechos, a partir del momento político generado por los trabajadores: ¿En qué medida participarán los trabajadores de las listas y serán nuestros próximos representantes? ¿En qué medida participarán los trabajadores de las ganancias de las empresas? ¿En qué medida serán los trabajadores los representantes del Estado en los directorios de las empresas? ¿Quién es el sujeto político que debe decidirlo? Por último, ¿El carácter nacional y popular de este gobierno, está determinado por sus espectadores o por sus actores?■