Por alguna razón, los partidos políticos han intentado durante mucho tiempo (y sin descanso) lograr la conducción de los frentes de masas. Y el frente sindical es quizás el más emblemático y representativo. Desde anarquistas hasta militantes de derecha intentaron influir en términos decisivos en las organizaciones sindicales.

La puja terminó por ser tan grande que en la actualidad muchos sindicatos tienen un rótulo que los identifica con algún partido político, salvo algunas excepciones que terminan encuadrándose dentro del concepto de independientes. Pero la reforma más importante que se intentó en cuanto a la organización sindical, es la que buscaba lograr romper con la llamada burocracia sindical, y así el dominio de familias o personas determinadas sobre este frente de masas.

Más allá de estas ideas preliminares es fundamental analizar a la persona del trabajador y entender que independientemente de haber logrado una organización sindical en el País, todavía quedan muchas deudas pendientes para poder satisfacer las necesidades de los trabajadores. Y es que el trabajador termina siendo víctima constante, no sólo de los abusos por parte de la patronal, sino también (y en reiteradas ocasiones) de la presiones de los representantes de la burocracia sindical.

En materia de inclusión social, el Estado no ha podido en más de 200 años de historia lograr que exista igualdad de oportunidades, que condicionan principalmente el acceso a las oportunidades. El trabajador pasó de ser un esclavo comprado, en las épocas anteriores a la abolición de la esclavitud, a ser un esclavo de la especulación permanente. No es casual que todavía existan niveles altísimos de trabajo en negro, y que el Estado Nacional sea incapaz de combatirlo sin poner en el medio un interés mezquino. Hoy en nuestro País, no todos los trabajadores pueden acceder al sistema de salud, y si acceden se ven en un serio problema para poder afrontar el gasto de los medicamentos, es que en la clase obrera la angustia de poder llegar a fin de mes es un condicionante del progreso de los que menos tienen.

Y como si se tratara de ignorar los problemas de los obreros en nuestro país, los dirigentes gremiales pasaron de preocuparse por tratar de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores a preocuparse por mejorar su propia calidad de vida. Los sindicatos ya casi no construyen casas para sus afiliados, sino que terminan agrandando las mansiones de los hoy llamados “Gordos” de la Burocracia Sindical. Este tipo de conductas han convertido a este frente de masas en algo parecido a una empresa, con el agravante de haberlo salpicado con gravísimos casos de corrupción y sujeto de investigaciones judiciales por delitos cometidos en su seno. El objetivo original de este frente se desvía cuando un núcleo duro de dirigentes enrolados en las llamadas 62 organizaciones peronistas es funcional a los intereses del gobierno, evitando siempre enfrentar con firmeza a los abusos que por parte del poder central afectan al proletariado argentino.

No existen soluciones mágicas que permitan transparentar al movimiento sindical, pero sin lugar a dudas la respuesta la encontramos al descubrir la verdadera voluntad de los trabajadores, con procesos electorales claros, que permitan la representación de las minorías, principalmente en los órganos revisores de cuenta y tribunales de conducta. Y respondiendo a principios fundamentales de la Democracia, es necesario también que se posibilite la alternancia incorporando la prohibición de las reelecciones indefinidas.

Cuestiones todas que deben ser resueltas con urgencia si pretendemos construir un modelo sindical que dedique sus esfuerzos a conseguir logros en el campo popular, y no a engordar los bolsillos de quienes apropiándose con prácticas poco claras de los directorios terminan por pactar con las patronales.

El 1 de mayo recuerda la lucha de los trabajadores, pero nos sitúa en la posición de reflexionar sobre las conquistas que aún faltan por conseguir. Los sueños de una Nación pueden traducirse en las esperanzas del Pueblo, y si existen aún tantas injusticias es porque definitivamente algunos eslabones estaban sueltos o ausentes.

Que en nuestro País exista Libertad, y que esté acompañada por la Justicia, que las oportunidades sean para todos, y no solamente para los que más tienen, no son sólo expresiones de deseo, son banderas que deben estar en cada construcción social o política que exista, pero que lamentablemente fueron abandonadas por quienes conducen los sindicatos. Los dirigentes sindicales deben trabajar para los trabajadores, para eliminar las injusticias, y también debe hacerlo para que quienes no tienen empleo puedan acceder a una fuente laboral genuina que le permita el desarrollo de su persona. Es entonces la lucha obrera una función social.

Salvador Allende (ex Presidente de Chile), en su discurso en la Universidad de Guadalajara, México, sostenía que había que conjugar “una misma actitud y un mismo lenguaje frente a los problemas esenciales del pueblo, porque un obrero sin trabajo, no importa que sea o no sea marxista, no importa que sea o no sea cristiano, no importa que no tenga ideología política, es un hombre que tiene derecho al trabajo y debemos dárselo nosotros”.

En algún momento de nuestra historia los trabajadores podrán descansar tranquilos sabiendo que su empleo no peligra y que su salario alcanza para cubrir sus necesidades y alcanzar sus sueños, y será ello una conquista de la Unidad de los trabajadores, lograda para vencer las injusticias y alcanzar así una libertad más, contando una vergüenza menos■