La siguiente nota intenta situar algunos aspectos, referidos al Estado de Bienestar, al Neoliberalismo y a las distintas formas de gubernamentalidad, con el objetivo de poder pensar las políticas sociales fuera del ámbito de los cuentos de hadas.

Esta nota tiene tres pasos. El primero, dar una definición de Política social, el segundo dar una definición de Estado de Bienestar, y el tercero ver cómo a través de esas definiciones se pueden pensar las acciones de gobierno orientadas a las preocupaciones sociales.

Para ambas definiciones me remito al libro El nacimiento de la biopolítica, que recoge las lecciones dadas por Michel Foucault en el Collage de France entre enero y abril de 1979. Este libro antes de entrar en el tema de la biopolítica presenta un estudio del liberalismo como el marco general de la biopolítica. Ese estudio abarca tanto los comienzos de la economía política y el liberalismo en el S. XVIII como los neoliberalismos del S. XX, es en este último punto donde el planteo de Foucault encuentra plena vigencia.

Entonces, directo al asunto. Veamos tres características de la Política social. Primero: “¿Cómo se concibe esa política social en una economía de bienestar? Ante todo, como un contrapeso contra procesos económicos salvajes […] que en sí mismos van a inducir efectos de desigualdad, y de manera general, efectos destructivos sobre la sociedad”. Segundo: “¿Cuál debe ser el pimer instrumento de una política social? Pues bien, una socializacion de ciertos elementos de consumo; aparición de una forma de lo que se denomina consumo socializado o consumo colectivo: consumo médico, consumo cultural, etc.” Tercero y último: “una política social, es una política que admite que, cuanto más fuerte es el crecimiento, mayores son, en cierto modo, sus recompensas”

Foucault dedica las siguientes líneas a mostrar, con contundencia, cómo este tipo de política social es incompatible con el neoliberalismo. Primero porque la política social al intentar servir de contrapeso a los defectos del proceso económico atenta contra un sistema donde ese contrapeso se apoya en la regulación de mercado, en el mecanismo de precios, que opera por un juego de diferenciacion. La política social al poner como objetivo la igualdad (en el acceso al consumo) imposibilita la economía política neoliberal.

La respuesta neoliberal (abrir bien los ojos) propone sustituir ese objetivo de igualdad por una “transferencia social”: “se trata simplemente de garantizar, no el mantenimiento de un poder adquisitivo, sino un mínimo vital en beneficio de quienes, de modo definitivo y no pasajero, no pueden asegurar su propia existencia. Es la transferencia marginal de un máximo a un mínimo. No es en absoluto el establecimiento, la regulación que tiende a una media”. En otras palabras, en la economía neoliberal siempre tiene que haber  alguien con trabajo y alguien sin trabajo, alguien que pueda acceder al consumo y alguien que no. Por lo tanto, en vez de políticas sociales, nos encontramos con diversas formas de “asistencialismo” (lo que recién describí como “transferencia marginal”), esto es, distribuir un mínimo de dinero suficiente como para sobrevivir (planes jefas y jefes de hogar, asignación universal por hijo, etc.) en vez de crear condiciones de acceso al trabajo y al consumo, estables e igualitarias.

La socióloga Sandra Guiménez nos habla al respecto con palabras bastante claras: “Las políticas de asistencia social a la pobreza se canalizaron a través de instancias constituidas para tal fin, separadas de aquéllas correspondientes a las llamadas ‘políticas de promoción del empleo’. A partir de ello, la política social se cristaliza en una multiplicidad de programas, que consideran recortadamente distintas poblaciones a asistir y que a fin de cuentas se reducen a dirigenciar la sobrevivencia”. Hasta acá ninguna novedad. Sigamos adelante.

¿Por qué mezclar Estado de Bienestar y Política social, cuando el primero es un modelo de Estado difícilmente acompasable con nuestro modelo económico actual? ¿Por qué insistir sobre la vieja disputa entre Estado de Bienestar y Economía Neoliberal, entre intervención del Estado y autorregulación del mercado? La primera y más obvia respuesta sería decir que el capitalismo actual, el neoliberalismo, la economía transnacional y mundial, las nuevas democracias y la actual forma de gobierno, tanto nacional como internacional, no han podido combatir efectivamente la pobreza.

No obstante, se puede elaborar una segunda respuesta no tan obvia para comprender mejor algunos de los aspectos que debería tener en cuenta el kirchnerismo en su intento hacia una Política Social. Para entender esta respuesta, es que hay que abordar la segunda definicion, la de Estado de Bienestar, pero por contraposición a la definición de Estado Totalitario. (No es, en lo más mínimo, mi intención hacer ningún tipo de paralelismo ni asimilacion entre el kichnerismo y el Estado totalitario, valga la aclaracion para evitar confunciones en las siguientes líneas).

El Estado Totalitario, dice Foucault, “lejos de caracterizarse por la intensificación y la extensión endógena de los mecanismos estatales, ese llamado totalitario no es en absoluto la exaltación del Estado sino que constituye, por el contrario, una limitación, una disminución, una subordinación de su autonomía, su especificidad y su funcionamiento característico. ¿Con respecto a qué? Con respecto a algo distinto que es el partido”. Esta diferencia es la que quiero recalcar, que es importante porque “lo que hoy está en cuestión en nuestra realidad no es tanto el crecimiento del Estado y la razón de Estado, sino más bien, y mucho más, su disminución, que en nuestras sociedades del siglo XX vemos surgir de dos formas: una es precisamente la disminución de la gubernamentalidad de Estado por obra de la gubernamentalidad de partido, y, por otro lado, la otra forma de disminución es la que podemos constatar en regímenes como el nuestro, en los que se intenta buscar una gubernamentalidad liberal”.

Es claro que la realidad política francesa o alemana (sobre las que discurre Foucault) son muy distintas a la nuestra de Argentina. No obstante, esa disminución de la gubernamentalidad del Estado es un problema compartido en todos los países del mundo que han abierto sus puertas al neoliberalismo (libre mercado, mercado autorregulado, capitalismo transnacional, etc.).

Si juntamos ahora el análisis de las políticas sociales y el de la disminución de la gubernamentalidad estatal, tenemos un doble ataque a la posibilidad de las políticas sociales, políticas de Estado, por un lado, desde la economía neoliberal y por otro desde la creciente gubernamentalidad del partido que se corresponde con una disminución de la gubernamentalidad del Estado. Llevemos, de alguna forma, todo este esquema a la realidad. ¿Qué decir del Kirchnerismo? Nada, porque lo cierto es que no importa si sea el kirchnerismo o el radicalismo o cualquier otro partido el que implemente políticas sociales, lo importante sería que esa práctica política, que ese objetivo, se instituya, se institucionalice como una gubernamentalidad de Estado, planeada a largo plazo y no una medida partidaria de la cual sería imposible hacer un análisis no partidario. Para esto hay que tener en cuenta lo que significa intentar llevar adelante políticas sociales en un Estado o en una economía neoliberal y las contradicciones que encierra. También hay que superar el harto partidismo argentino, donde todo lo que se construye en 4 años se tira y reconstruye los próximos 4.

Ir hacia la igualdad y la estabilidad de la que habla Foucault implica un paso muy grande de madurez política, de acercamiento a una gubernamentalidad estatal, donde sean los mecanismos estatales e institucionales, y no las voluntades partidarias las que lleven adelante el futuro de un país