Tras la aprobación de la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas en la Cumbre de Río de Janeiro (1992), se aprobó en 1997, en Japón, el Protocolo de Kyoto como instrumento adicional a la Convención por el cual los países industrializados se comprometen a reducir las emisiones de gas con efecto invernadero en un 5% para el año 2012 tomando como línea de base las emisiones mundiales del año 1990.

El Protocolo de Kyoto recién entró en vigencia en el año 2005 luego de que mitad de los Estados ratificaran sus compromiso y adhesión y han sido muy pocos los resultados obtenidos hasta la fecha dada la dimensión del problema y los pocos esfuerzos realizados por los países más desarrollados.

Estados Unidos y China encabezan el ranking como los países más contaminantes de la tierra ya que en conjunto son los responsables de casi el 50% de las emisiones a la atmósfera. A su vez, junto al resto de los países industrializados y los productores de petróleo, se niegan a asumir los compromisos emanados de este protocolo internacional.

Por la importancia de sus volúmenes de producción y sus reservas de hidrocarburos, las monarquías del Golfo (Arabia Saudita, Kwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos) son, junto con Irak e Irán, los actores fundamentales en el mercado del crudo, ya que poseen las dos terceras partes de sus reservas. Y también en el cartel de productores: la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).[1]

Según Agnes Sinaí “el gran tema del Protocolo son sus mecanismos, concebidos para dar un precio a la tonelada de carbono: la atmósfera deja de ser gratuita. Pasa a ser intercambiable en un mercado internacional. Los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) son el único instrumento de cooperación Norte / Sur previsto en el Protocolo de Kyoto. Otorgan a los países industrializados, a sus empresas y a sus colectividades locales la posibilidad de ayudar a financiar y a realizar, en los países del Sur, proyectos de reducción de emisiones a partir de tecnologías en principio favorables al clima. A cambio, se atribuyen a los países industrializados derechos de emisión suplementarios, correspondientes a las emisiones evitadas». [2]

De esta forma, los principales países productores y consumidores de petróleo y las grandes empresas se niegan a realizar los esfuerzos necesarios para reducir drásticamente las emisiones que provocan el efecto invernadero a cambio de subvenciones para los países en desarrollo. De esta manera, para financiar proyectos de reducción o captura de gases de carbono, son eximidos de afrontar los cambios que deben realizar en los métodos de producción y en el consumo de la energía.

 En consecuencia, resulta necesario modificar las actuales acciones tendientes a neutralizar los efectos del cambio climático ya que estos no deben estar sometidos a los intereses del mercado y deben contribuir drásticamente a reducir las emisiones.

En la actualidad, es necesario reconocer que la mayoría de las  sociedades y los Estados del mundo, principalmente los más desarrollados en términos de crecimiento económico, no han asumido compromisos serios. El ejemplo más notorio es el rechazo rotundo de los Estados Unidos de ratificar el Protocolo de Kyoto así como también la falta de compromisos asumidos por parte de los países desarrollados en la última Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático realizada en diciembre del año 2009 en la ciudad de Copenhague (Dinamarca) para establecer compromisos con posterioridad al año 2012 cuando vence el Protocolo de Kyoto.

En dicha reunión, los países más desarrollados suscribieron un documento titulado como Acuerdo de  Copenhague, en el que básicamente se licuaban las responsabilidades para enfrentar al cambio climático y sus consecuencias.

La Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra

Frente al fracaso de las negociaciones en el marco de la reunión de Naciones Unidas, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, decidió convocar a los pueblos y organizaciones del mundo a la 1º Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, realizada entre el 20 y 22 de abril de 2010 en la ciudad de Cochabamba (Bolivia).

Según Raúl Prada, Viceministro de Planificación del Estado Plurinacional de Bolivia, “hemos entrado a una espacie de impacto del capitalismo funesto que ha puesto definitivamente en peligro al planeta y a la vida. Y en este sentido exige una respuesta categórica de las sociedades humanas frente a la posibilidad de un cataclismo planetario con dimensiones alarmantes desde el punto de vista de los propios desequilibrios de los ecosistemas. Entonces, en este momento se necesita ya una respuesta categórica”.[3]

Esta respuesta categórica al cambio climático parece venir de la propuesta elaborada en la Cumbre de los Pueblos con el aval de más de 30.000 personas provenientes de gran cantidad de países del mundo y que han sido incorporadas en las negociaciones oficiales de Naciones Unidas como una propuesta de los pueblos a ser considerada por los delegados de los países miembros de la Convención para enfrentar los compromisos que deberán asumir una vez finalizado el periodo establecido por Kyoto en el año 2012.

La Conferencia Mundial de Cambio Climático de Naciones Unidas que se reunirá en diciembre de 2010 en la ciudad de Cancún (México) será el lugar en donde se librara la batalla en torno al clima.  La agenda surgida de la Conferencia de Cochabamba propone “que nos unamos todos los movimientos sociales, los países, los intelectuales para afrontar definitivamente al capitalismo y buscar un modelo alternativo al capitalismo que llamamos desde la perspectiva de los pueblos indígenas: `Vivir Bien”.

Entre las propuestas concretas surgidas de los 17 talleres de la Cumbre de los Pueblos de Bolivia  para enfrentar las causas y consecuencias del cambio climático  y que están siendo analizadas por los distintos países del mundo en las negociaciones para la Cumbre de Cancún son las siguientes:

  • La reducción en un 50 % de las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de los países desarrollados para el segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto del año 2013 al 2017.
  • Estabilizar el incremento de la temperatura a 1º C y 300 partes por millón de Dióxido de Carbono en la atmósfera.
  • Garantizar una distribución equitativa del espacio atmosférico, tomando en cuenta la deuda climática de emisiones de los países desarrollados para con los países en desarrollo.
  • Pleno respeto a los Derechos humanos y a los derechos inherentes de los pueblos indígenas, las mujeres, los niños y los migrantes.
  • Pleno reconocimiento a la Declaración de las Naciones Unidas de los Derechos de los Pueblos Indígenas.
  • Reconocimiento y defensa de los derechos de la Madre Tierra para alcanzar la armonía con la naturaleza.
  • Garantizar el cumplimiento de los compromisos de los países desarrollados a través de la constitución de un Tribunal Internacional de Justicia Climática.
  • Rechazo a los nuevos mecanismos de mercado de carbono, que traspasan la responsabilidad de la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados a los países en desarrollo.
  • Promoción de medidas que cambien los patrones de consumo de los países desarrollados.
  • Adopción de las medidas necesarias en todos los foros pertinentes para que se excluya de la protección de los derechos de propiedad intelectual a las tecnologías útiles y ecológicamente sostenibles para mitigar el Cambio Climático.
  • Los países desarrollados destinarán el 6 % de su producto nacional bruto para acciones relativas al Cambio Climático.
  • Manejo integral del bosque, para mitigación y adaptación, sin mecanismos de mercado y garantizando la plena participación de los pueblos indígenas y comunidades locales.
  • Prohibición de la conversión de los bosques naturales en plantaciones, puesto que las plantaciones de monocultivos no son bosques, sino se debe incentivar la protección y conservación de los bosques

Por último, sólo nos resta decir que resulta fundamental instalar en la agenda pública mundial la importancia que tendrá para el futuro de la humanidad las negociaciones que se desarrollaran entre todos los países del mundo y presionar a los gobiernos para que adopten las decisiones necesarias para garantizar en el futuro la existencia humana sobre el planeta tierra. “La propuesta de los  pueblos es el camino”.

[1] El Atlas de Le Monde Diplomatique, Abundancia de Petróleo, Escasez de Agua, Pág. 170. “Arabia Saudita posee una cuarta parte de las reservas probadas del planeta (262.700 millones de barriles), seguida por Irak (112.500 millones), los Emiratos (97.800 millones), Kuwait (96.500 millones)”.

[2] AGNES SINAI, «Disloques del Sur en el frente climático», Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, febrero de 2004, pág. 30. *Coautora de Sauver la Terre, Paris, octubre de 2003.

[3] Conversaciones mantenidas con Raúl Prada en el Marco de la Cumbre Mundial de los Puebles y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba (Bolivia), en el mes de abril de 2010.