En Brasil, un aspirante a un curul en Diputados debería alistar una billetera con no menos de 2 millones de dólares para gastarlos en la campaña. Un postulante al Senado casi 3. Y aquí es como en una rifa, el que más números compra –léase el que más dinero gasta—tiene mayores chances de asegurarse el premio. El sueldo mensual de un Diputado Federal no alcanza los diez mil dólares, o sea que en cuatro años de mandato logrará sumar poco menos de medio millón de dólares. ¿Quién cubrirá el restante millón y medio de dólares en este aparente mal negocio de este austero Diputado?


Hemos estado planteando en este espacio nuestras dudas e inquietudes sobre ciertas formas que tiene el ejercicio de la democracia en Brasil, sobre todo en cuanto hace a quienes se asumen como los abanderados  de este sistema de gobierno: los políticos y los partidos.

Aunque ha transcurrido ya un buen tiempo desde el día en que los ciudadanos fueron a decir lo suyo en las urnas, hay algunos ecos que seguimos oyendo y que si bien son ya patrimonio del pasado, están emparentados y mucho con lo que podría venir en futuros procesos electorales.

El sistema político brasileño hace agua por todas partes. Así lo reconocen los que se llevan la mejor tajada en esta historia, esto es, potenciales integrantes del Ejecutivo, además de senadores y diputados.  Se levantan voces que claman por reformas urgentes en las reglas del juego de este sistema. Hasta parece que existiera unanimidad de criterios para mandar al cirujano plástico toda la estructura jurídica que sostiene a esta democracia. Aunque hay quienes ven con más simpatía la intervención de un forense, que pueda identificar qué mal mató a la norma, cosa de esquivarlo en la venidera legislación.

No obstante, a pesar de tanta cantinela reformista, cuesta creer que por nobleza estos personajes que están cacareando tanto, decidan finalmente poner los huevos. Porque para eso, ellos mismos deberían ejercitar una suerte de harakiri o, si se prefiere, proceder a matar a su gallina de los huevos de oro. Harto dudoso que hagan una cosa u otra, pues tan denostadas leyes son justamente las que los llevaron al sitial de preferencia que hoy ocupan.

Ante la eventualidad de que algún día los caballeros andantes logren por fin imponerse a los molinos de viento, dejamos constancia aquí de uno de los aspectos que nos parece primordial en un sistema político y es cómo se financiarán las campañas electorales y quién debería hacerlo. Sin  duda, un debate incompleto aquí, tan añejo como la pregunta “¿quién dejó esta manzana mordida aquí?”. O, a tono con el tema de hoy, esta otra interrogante: “quién es culpable, ¿el chancho o el que le da de comer?”.

No son muchas las fuentes de financiamiento. Hablamos de los cofres públicos; de los mismos políticos y sus partidos; de los empresarios; de los aportes hechos por ciudadanos; o de una combinación entre algunas o todas estas alternativas. Aunque claro, al final ya sabemos quién pagará el pato de la boda: Juan Pueblo y no otro. Aquella definición sobre “a nombre de quién saldrá la factura que pagará la gente” traerá consigo una discusión que podría tornarse perenne, tanto así que estaríamos en 2014, en el umbral de una nueva elección, sin tener definida esta medular cuestión.

Mientras algunos abonan el terreno –o lo embarran– para intentar avanzar –o no– hacia una nueva y superior legislación electoral brasilera, nosotros aquí referiremos algunos sucedidos locales que, además de generar indignación, impotencia o vergüenza ajena, ojalá alcancen para pulverizar las dudas que aún pudieran subsistir respecto de la conveniencia de darle una patada en el trasero a tan enojoso statu quo.

Elogio a la hediondez

En un encuentro de especialistas en marketing político realizado en Brasilia antes de las elecciones, se conoció que cualquier aspirante a un curul en Diputados debería alistar una billetera con no menos de 2 millones de dólares para gastarlos en la campaña. Un postulante al Senado casi 3. Y aquí es como en una rifa, el que más números compra –léase el que más dinero gasta—tiene mayores chances de asegurarse el premio. Pero hete aquí que el sueldo mensual de un Diputado Federal no alcanza los diez mil dólares, o sea que en cuatro años de mandato logrará sumar poco menos de medio millón de dólares. ¿Quién cubrirá el restante millón y medio de dólares en este aparente mal negocio de este austero Diputado? ¿Acaso será él mismo con su patrimonio personal? ¿O con los pesitos de alguna tía millonaria? Nada de eso. Hoy lo pagan “altruistas” empresarios, mientras la norma, sonriente, bendice y deja pasar.

“Proveedoras de la Petrobras donan más al PT”, tituló un diario este 15 de noviembre. Revela que la empresa “UTC Engenharia” donó al PT, de Lula, 3 millones de dólares, lo que equivale a menos del 0,4% del monto total de los contratos que se aseguró esta empresa con la estatal Petrobras sólo durante el último período de gobierno de Lula. Informa también que “Estre Ambiental” donó un millón de dólares, menos del 0,1% del monto de sus contratos desde 2006 con la Petrobras. ¿Somos suspicaces si suponemos que cuando esa semillita dé fruto podría llamarse “nuevos y más jugosos contratos”?

Lobby del remedio contribuyó para petista”, indicó un medio impreso el 13 de noviembre. Aquí se habla de una donación de 165 mil dólares de varios laboratorios farmacéuticos al diputado Newton Lima Neto, a quien su campaña le dejó un saldo en contra. La “contraprestación” del nuevo diputado será favorecer a estos empresarios de los remedios pues el ente estatal que fiscaliza sus actividades “se puso un poco pesado con ellos”. Para menesteres similares también pasó por esa misma caja Arlindo Chinaglia, diputado electo por quinta vez, llevando para sus arcas poco menos de 500 mil dólares.

“Agronegocio apoya campaña de Aldo”, decía un diario ese mismo 13 de noviembre. Aldo es Aldo Rebelo, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), quien junto a Moacir Micheletto, del PMDB, y otros nueve candidatos de ese partido recibieron de empresas productoras de caña, café y naranja poco más de 2 millones de dólares. Por nada más, el diputado Rebelo y sus amigos deberán seguir con esa su costumbre de andar por la vida irritando a ambientalistas con sus proyectos para flexibilizar el Código Forestal.

“Constructoras ayudan a elegir 54% de los nuevos congresistas”, proclamaba el mismo periódico el 7 de noviembre. Y agregaba que los parlamentarios electos del Partido de los Trabajadores (de Dilma), recibieron donaciones por cerca de 15 millones de dólares, mientras que los del PSDB (del opositor Serra), recibieron poco más de 11 millones de dólares. Las constructoras pusieron  58 millones de dólares (¿será acaso por los inminentes contratos que vendrán por el Mundial de Fútbol 2014 y por las Olimpiadas 2016, ambas en Brasil?). Empresas dedicadas a la producción de papel, madera, celulosa y agronegocios terminaron su vaquita con la nada despreciable suma de 29 millones de dólares. Empresas siderúrgicas, mineras y metalúrgicas pusieron 17 millones de dólares. Y los bancos, pobres, apenas si pudieron juntar 7 milloncitos de los verdes. El candidato mimado por todos los padrinos fue el ahora senador electo Aecio Neves, del opositor PSDB, que él solito recibió donaciones por algo más de 4 millones de dólares.

“Dilma y Serra llevan cada uno un millón de reales de Eike”, recordó un diario paulistano el 4 de noviembre. Dilma es Dilma Rousseff, usted ya la conoce. Y Serra es ese que quiso parecerse a Lula pero su condición de lampiño le jugó en contra. El punto aquí es saber quién es ese genio del pragmatismo llamado Eike, que apostó 600 mil dólares pero para cada uno de los candidatos a la presidencia con chances verdaderas, y reservó módicos 300 mil para Marina Silva, la del Partido Verde. Hablan de Eike Batista, un acaudalado empresario que tiene en sus cuentas la friolera de 27 billones de dólares. Dice de él la Folha: “muchos negocios de Eike cuentan con financiamiento público o dependen de licencias oficiales. En agosto, por ejemplo, el BNDS (banco del Estado) liberó 86 millones de dólares para la reforma de su hotel Gloria, en Río”.

“Show del millón”, pone en título este 16 de noviembre un matutino. Informa que el PT tiene en sus cuentas pos campaña electoral números en rojo por deudas que superan los 14 millones de dólares. Indica que un grupo de gobernadores electos y otros dirigentes saldrán a la caza de donantes para cerrar ese agujero hasta antes fin de mes, fecha estipulada en la ley electoral. Ya Serra, poco antes de aceptarse perdedor en la segunda vuelta electoral, intentó pasar el sombrero pues su contabilidad no podía cerrar hasta tanto no aparecieran al menos nuevos 16 millones de dólares. Está claro que habiendo trepado al árbol existen más posibilidades de recibir una ayudita extra. Sorry Serra.

“Milllonaria multa ambiental a empresa de Leal”, informaba un diario de Brasilia el pasado 13 de noviembre. Leal no es otro que Guilherme Leal, dueño de la empresa de cosméticos Natura y candidato a vicepresidente por el Partido Verde, al lado de Marina Silva. Este empresario puso la mitad de los 7 millones de dólares que gastó el PV en la campaña. A la luz de los resultados, Leal seguramente se estará lamentando por no haber colocado los huevos en otras canastas y ahora no tener que pagar los 12 millones de dólares que el ente regulador del Medio Ambiente (IBAMA) le impuso como multa por biopiratería. La próxima, si la hay, le pedirá un consejo a Eike.

Todos estos datos fueron publicados y nadie salió a desmentirlos. No sé qué le produjo todo esto. Capaz que poco, frente a las noticias que muy pronto podrían comenzar a generarse desde el mismo Congreso, fábrica de leyes a medida si la hay. Y enseguida le pregunto ¿sería distinto si hubieran hecho lo mismo pero a escondidas y hoy no hubiéramos podido divulgar estas cifras? ¿Y si en lugar del dinero de esos multimillonarios el que se gastara en las campañas fuera el dinero de los ciudadanos que pagan los impuestos? ¿Es que acaso las inversiones que realizan las grandes empresas en tiempos electorales no rinden luego jugosos dividendos al tiempo de suscribir contratos con el Estado, mismos que son pagados con el dinero de los contribuyentes?

¿Podemos discernir a estas alturas si estas donaciones sirvieron para generar competencia o sirvieron sólo para secuestrar la voluntad ciudadana y/o engordar a la elite? Quién es quién en esta pútrida historia ¿el chancho o el que le dio de comer?

Mientras las reformas al sistema político brasilero sigan entrampadas entre medio de tanto pirotécnico discurso, piedra libre y que cada cojo elija su empedrado■