Lo sucedido el miércoles 20 de octubre sigue prendido a mis pensamientos. El asesinato de Mariano Ferreyra continúa dando vueltas en mi cabeza y me dispara infinidad de preguntas sobre lo sucedido ese día, sobre las causas que pueden haber configurado un hecho de tal magnitud y, también, algunos interrogantes acerca de cómo se fueron desenvolviendo los acontecimientos en los días posteriores. Además, desde aquel fatídico día vengo experimentando unas ganas incontrolables de sentarme a escribir. Esta sensación muchas veces se vio frustrada por la muerte misma; pareciera que el asesinato del militante del Partido Obrero me limitara, es como si coartara cualquier intento de reflexionar críticamente sobre aquellos que buscan en el gobierno un chivo expiatorio de lo sucedido y en el secretario general de la CGT al autor intelectual de este horrendo crimen. Pero bueno… aquí estoy. Decidí hacer a un lado mi culpa cristiana y dejarme llevar por mis reflexiones y una necesidad imperiosa de ordenar ideas. Voy a empezar por algo básico, tal vez sin mucha relación con los acontecimientos en un primer momento, pero que creo es un buen punto de partida.

Los partidos troskistas -no solo los argentinos- tienen una forma de agitar y hacer propaganda que heredaron de las prácticas del propio Lenin en los años anteriores a la revolución rusa. El activista y agitador debe poder argumentar que el problema más ínfimo de cualquier trabajador es una consecuencia de la explotación del modo de producción capitalista. De esta forma, la inflación, la falta de insumos en un hospital, no poder viajar en hora pico en el subte y la burocracia de los trámites estatales es culpa del capitalismo y su modelo de explotación del hombre por el hombre. Si esto mismo lo planteáramos en términos nacionales, cualquier tipo de problema laboral que pudiera surgir es culpa del gobierno hambreador de Cristina Fernández de Kirchner y de las dirigencias burocráticas y traidoras de los sindicatos. En este sentido, con o sin asesinato -y cualquiera hubiera sido el resultado de la protesta- la culpa hubiera sido de los anteriores. Incluso si hubiera habido una victoria para los que se manisfestaban, esto también habría pasado, ya que se hubiera dicho que las comisiones internas combativas le arrancaron a este gobierno pseudo progresista, y a sus cómplices patoteros de la burocracia sindical, una victoria que significa un paso importante en el avance hacia el socialismo.

De todas formas, es claro que el costo que paga el gobierno es distinto con o sin asesinato. Para ciertos sectores de la sociedad, son Cristina y Moyano quienes deben revertir la carga de la prueba y no los miembros de la Unión Ferroviaria que participaron ese día del conflicto. En efecto, como Cristina y Moyano son aliados políticos y como Pedraza está dentro de la CGT sin mediaciones se responsabiliza al gobierno y a la Central Obrera. ¿Y por qué esto es así para ellos? Fácil, porque el poder no lo tiene Pedraza, el poder para ellos lo tienen Cristina y Moyano. Un ejemplo: recuerdo que hace algunos años había una consigna del PO que era “Fuera De la Rua”. Luego de los sucesos de diciembre de 2001 y ya asumido Duhalde, le pregunté en chiste a un militante del Partido Obrero qué iban hacer ahora que De la Rua no estaba más. Él me contesto muy seriamente: “ser revolucionario es muy fácil, ahora es fuera Duhalde”. Poco importan las internas existentes en la CGT, la alianza de sectores ligados a la oposición con los dirigentes de la Unión Ferroviaria. Poco importa también declarar en la justicia. En efecto, a esta también se le adjudica el mismo argumento: es justicia burguesa por lo tanto la clase obrera no debe esperar nada de ella. En este sentido, también nosotros no debemos esperar demasiado de los partidos troskistas. Esa siempre fue su línea política y siempre la va a ser.

Ahora me gustaría referirme a algunos de los que en algún momento me pareció que se podía esperar algo. Esos que le pegan a Moyano por ser aliado de Pedraza y estar a favor de la precarización y la tercerización de las condiciones de trabajo, pero cuando los camioneros cortaban la entrada de Siderar justamente reclamando el pase a planta de los contratados, era un matón. Esos que le quitaron el apoyo a un proyecto de ley de Julio Piumato y Héctor Recalde para regular el trabajo tercerizado. Sí, estoy hablando del Pinolandia y su parte acólita de la CTA con De Gennaro, que ahora desconocen el pedido del Comité Arbitral de que se vuelvan a hacer las elecciones de la central… Un verdadero ejemplo de democracia y transparencia sindical■

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