Las políticas de Estado canalizaron las corrientes inmigratorias que muy pronto cambiaron el horizonte de nuestros campos semisalvajes. Las colonias agrícolas fueron apoyadas con bienes de labranza, semillas, chapas y troncos para sus casas, parcelas de campos en propiedad y hasta cooperativas, más asistencias institucionales a cargo de las autoridades zonales.

El siglo XIX fue testigo del nacimiento de nuestra Nación. En su primera mitad, costó muchas vidas el poder hacer coincidir a los múltiples caudillos, pero esa sangre no se derramó en vano, después de muchos desencuentros apareció en el horizonte la Organización Nacional. Fue un grupo importante de hombres que decidieron que si queríamos progresar como nación debíamos tener un Presidente elegido por el pueblo, dos cámaras de legisladores y un creíble Poder Judicial, que tiempo más tarde juraría respetar un excelente Código Civil.

Con esos pilares democráticos la Nación Argentina comenzó a crecer rápidamente. A sus cámaras llegaron proyectos de ley fundamentales que delinearon políticas inmigratorias, educacionales y sociales. Además, por otro conducto, entran a las Cámaras permisos y solicitudes de construir “caminos de fierro” como se reconocían las vías férreas. En pocos años fuimos el país que mas rápido creció en el cono sur de América. Las políticas de Estado canalizaron las corrientes inmigratorias que muy pronto cambiaron el horizonte de nuestros campos semisalvajes. Las colonias agrícolas fueron apoyadas con bienes de labranza, semillas, chapas y troncos para sus casas, parcelas de campos en propiedad y hasta cooperativas, más asistencias institucionales a cargo de las autoridades zonales.

Luego de pocas cosechas fue necesario el ferrocarril para trasladar los granos hacia los puertos. La hacienda se mejoró por las cruzas de razas importadas. En poco más de tres décadas pasamos de ser un país importador de harina de Bolivia y hasta de Estados Unidos, a convertimos en “el granero del mundo” como se nos denominó a fines del siglo XIX y con reservas cárnicas como nuca se pensó en la historia (solo vacunos, más de 50.000.000-)

Solamente con serias políticas de Estado crecimos porque creyeron en nosotros: llegaron inversiones y grupos de hombres de otras tierras que trajeron la experiencia de sus antiguos lugares de origen y aportaron al país hasta ponerlo en una senda de exitosos logros. No sólo en la parte material de las cosechas, productos de las múltiples colonias, sino además volcaron su visión de asociarse en agrupaciones civiles cooperativas y sociedades de fomento, que fueron ejemplo de sus lejanos países.

Los gobiernos de aquellas décadas fueron los que cosecharon sus frutos al apoyar esas políticas sociales inmigratorias, con hechos materiales y fundamentalmente otorgando propiedad de los terrenos o parcelas, actos  que fueron eternamente agradecidos por los inmigrantes.

En 1884 entra al Congreso de la Nación un proyecto que pronto se convierte en la Ley de Enseñanza Primaria, Gratuita y Obligatoria. Una ejemplar ley que se la reconoció como el ideal del progreso social. Todos los ciudadanos del país, sin excepción, disfrutaron de este avance. No existían discriminaciones de ningún tipo u idioma.

Cuando en una perdida colonia de más allá de Tandil, le preguntaron a su jefe ¿cuál era su patria?, él contesto con voz emocionada: “¡el lugar donde la enseñanza primaria es gratuita y obligatoria! ¡Esa es mi patria!”. Con sabiduría y experiencia contestó lo que todos reconocían: el respeto por su futuro. Venían de países donde pasaron hambrunas y pensar distinto les podía costar la cabeza.

Para el último cuarto de siglo, circa 1875, comenzaron a llegar otros grupos inmigratorios, con distintas inquietudes al predominar las tareas de la ciudad: jornaleros, peones de albañil, mozos, dependientes de comercio, herreros, zingueros, etc. Al radicarse en la ciudad, creció la cantidad de habitantes en forma superior a la capacidad habitacional, por lo que aparecieron viviendas con muchos vecinos y se las reconoció como “conventillos”. Buenos Aires, pasó a ser una ciudad muy extendida gracias a un medio de locomoción que introdujo la posibilidad práctica de vivir algo alejados de los lugares de trabajo…apareció el tranvía a caballo. Sus vías de fácil colocación permitieron que crecieran barrios alejados del centro: Flores, Parque Patricios, Mataderos, Devoto, etc.

Luego de la oleada inmigratoria ocurre lo que el filósofo social Dr. Bunge denominó como fundamental para la época: los inmigrantes con capacidad de visión: compraban lotes y terrenos en loteos que se pagaban en muchas cuotas y poder ser dueños de su vivienda. Esta acción la definió con pocas pero sabias palabras: “los gallegos y los tanos se tomaban el tranvía a caballo que los llevaba los domingos a la tarde a ver su lotecito… su futura vivienda”.

El siglo terminó con novedades sociales absolutamente positivas para la Argentina por las que su crecimiento se potenció, dado que los inmigrantes podían acceder con facilidad relativa a una propiedad, que en su vieja Europa fue por siglos una utopía inaccesible; y por otro lado, la posibilidad de una movilidad social en cuanto a conseguir nuevos trabajos y  hasta estudios gratuitos, hecho que era poco menos que impensable en su países de origen, donde por varias generaciones los hijos siguen el trabajo artesanal de sus padres.

Esa realidad se concretó en un logro de gran proyección nacional: al coincidir los factores de propiedad y movilidad social se logró una nueva conquista para los argentinos: El nacimiento de la clase media. Este conjunto social creció con el aporte civil de las agrupaciones obreras, experiencias de la Europa decimonónico que se concretó en el país con la aparición de nuevos partidos políticos con amplia capacidad democrática y social.

Sin ninguna duda todo esto fue accesible por la riqueza material, política y social de un país que recibió las corrientes inmigratorias de diversos orígenes. Pero al ser en su amplia mayoría de raza latina muy pronto se integraron a nuestras costumbres y sus principios de familia y religiosidad potenció esa unión que se mimetizó con los criollos dando lugar a una conjunción social de exitoso futuro como el que le espera a la Argentina■