Los sujetos somos cuerpos que nos ponemos en acción de manera particular según la circunstancia en las que estamos inmersos. Somos cuerpos que nos comportamos según esas circunstancias, según el espacio social en el cual, en ese momento, estamos inmersos.

Cuando los sujetos estamos en algún ámbito en particular nos comportamos de manera particular, pero no es solo el espacio el que condiciona el comportamiento de los sujetos y de los cuerpos sino también quien esté con nosotros en ese espacio.

Podemos pensar estas cosas dentro de lo que es el ámbito educativo. Los sujetos como actores sociales dentro de este espacio tendrán que comportarse de una manera particular cuando se encuentran allí, y dotarán a sus cuerpos de acciones casi teatrales según el papel que deban y tengan que representar.

Así, por ejemplo, no será lo mismo el comportamiento corporal-teatral que tendrá y deberá llevar adelante quien revista el rol de docente dentro del aula en relación al que lleve adelante el estudiante[1]. Ni tampoco será la misma relación que tenga este o aquel con el medio, en este caso el aula.

Los docentes y los estudiantes, tendrán un rol particular de comportamiento solamente cuando estén circunscriptos dentro de este espacio particular en el cual deben de comportarse de esa manera. Está claro que ese rol sólo puede ser llevado a cabo de esa forma solamente cuando el actor-sujeto esté allí, y este rol (actuación) terminará, indefectiblemente, cuando deja ese espacio físico particular.

Pero esto no termina aquí, los actores y los comportamientos actorales que revisten dentro de un espacio no se puede limitar a lo que tienen que hacer cuando están allí si no que debemos pensar una cuestión más que es de vital importancia para pensar el o los comportamientos de los cuerpos en un espacio, como puede ser el aula.

Estamos haciendo referencia a la interacción, que como influencia mutua[2], se genera entre los actores que llevan adelante corporalmente un accionar particular. Pensemos que cuando un actor, por ejemplo el docente, “hace” algo dentro del espacio va a generar una cierta influencia que va a “provocar” que el estudiante actúe y se comporte de alguna manera en particular.

Estas formas de actuar de los cuerpos fruto de la interacciones no son provocaciones ni meros “hacer hacer” de un sujeto para con otro allí adentro, son producto de la propia interacción que es inevitable.

Cuando los sujetos, los cuerpos, actúan de alguna manera en particular dentro de un espacio están compartiendo un tiempo y un espacio con otro, y esto genera que los actores entren en mutua influencia generando como resultado lo que, finalmente, hacen los sujetos con sus comportamientos corporales.

Entonces vemos que el análisis del comportamiento corporal en un ámbito cualquiera, como el educativo, debe tener dos puntas de análisis, por un lado el comportamiento que lleva adelante el actor cuando está allí en ese espacio con otros, y por el otro la relación, interacción, mutua influencia, que se genera entre los actores cuando están allí juntos, que será de una manera particular por el propio espacio particular, en este caso el aula.

Para empezar a cerrar estas ideas se podría decir que quizá estas líneas de pensamiento se pueden aplicar a cualquier espacio social cerrado[3] (estamos hablando aquí de la separación entre un adentro y un afuera) pero quisimos ver estas dinámicas dentro del aula, dentro de un espacio educativo, como un ejemplo que es bastante conocido para todos nosotros.

El aula, es entonces, un espacio en sí mismo, en donde los actores (como dijimos antes) se comportarán de cierta manera cuando están allí con otros generándose una relación de influencia de comportamientos, inevitable, que hace que los actores, como cuerpo, se comporten de cierta manera según la circunstancia y el comportamiento del otro actor, por eso en todos los espacios, más en el educativo, es de vital importancia el comportamiento corporal de los sujetos.

Como vimos los comportamientos corporales de los sujetos no son ingenuos, dependen del espacio y de la relación con el otro. Así no será lo mismo un docente que esté sentado leyendo, a uno que esté parado, caminando, gesticulando, etc.; esos comportamientos generarán en el estudiantado (mientras esté allí) un comportamiento diferente no solo en ese aquí y ahora sino también a futuro, en los próximos encuentros.

Por todo esto decimos que es tan importante tener conciencia de lo que hacemos y de lo que mostramos en diferentes circunstancias a los otros, pero más que nada es importante no solo saber qué lugar ocupamos sino también que podemos llegar a generar con nuestro comportamiento.

El caso de la educación es bastante notorio que si un docente se comporta de manera proactiva generará en el estudiante otra forma de actuar que si fuera diferente. A su vez, este estudiante actuará de cierta manera que retroalimentará la actuación del docente, y así sucesivamente.

Es saber que el otro que está ahí enfrente (y que uno mismo) es sujeto corporal y debe no solo tener noción de ello sino también noción de que el otro lo es, que no es un simple objeto de enseñanza o a quien enseñar sino que es un sujeto que al igual que a todos le pasan cosas y que con lo que hacemos podemos generar diferentes respuestas (estímulos) para que actúen y se comporten de manera distinta.[4]

Para finalizar lo que aquí, desordenadamente, presentamos, es decir, que los cuerpos no son cuerpos disociados de sus circunstancias sino que estas hacen a los comportamientos y que el caso educativo de los comportamientos en este establecimiento y dentro del aula son (y deben ser) particulares y cuidados por los actores que lleven adelanto los diferentes roles.

Queda por decir que estos actores, cuando están fuera de este espacio, se comportarán de otra manera según en lugar en donde estén. No será lo mismo el comportamiento que tenga un docente cuando está en su casa con su hijo o de un estudiante cuando está en el cine con su pareja. Solo será más fácil de ver u observar en espacios “cerrados” que “abiertos” ya que podríamos decir que caminando de un lado al otro, si bien actuamos corporalmente de manera particular con el espacio y con los otros, la interacción no será algo que afecte tanto como cuando estamos en un espacio cerrado con otros compartiendo espacio y tiempo, y llevando adelante cierta actuación.

Esto quiere decir que, bajo estas ideas y concepciones trabajadas por E. Goffman y re-pensadas a la luz de algunas características particulares, siempre los actores revestimos cierta corporalidad dependiendo el lugar en dónde estemos, con quién estemos y qué papel nos toque cumplir. Papeles que puede tener mayor o menor poder por sobre el otro, cosa que no es menor. Es decir, el docente tendrá mas poder por sobre la actuación del estudiantado que al contrario, pero esto no quiere decir que el estudiante no ejerza influencia en el docente dentro del aula sino que serán (con este agregado del poder) diferentes en calidad, cualidad, intensidad, etc.

Ahora sí, este pequeño ensayo (insisto desordenado) solo tiene la intención de llamar a la reflección en relación a las ideas de: las actuaciones que tienen los actores en ciertas circunstancias (espacios); la interacción (relación) que se genera entre dos actores cuando están en un espacio particular; y los comportamientos que pueden generar estas interacciones en ciertos espacios dependiendo, también, de la relación de poder entre los actores en ese espacio particular.

Se espera que esto genere la observación de los espacios y los comportamientos desde esta manera particular y que esto genere nuevas discusiones, aportes e ideas a todos los espacios pero en particular a la educación■



[1] Nos gusta más pensar en la idea de estudiante, como rol activo y no la idea de alumno que se asemeja más a una situación de pasividad.

[2] Idea rescatada de E. Goffman, La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu. 2006

[3] Esta idea se puede rastrear en E. Goffman Internados: Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales, Amorrortu, 2006, haciendo la salvedad pertinente ya que el autor habla de espacios totalmente cerrados (cárcel y manicomio) y aquí pensamos en espacios delimitados donde entramos y salimos pero que cuando estamos allí están cerrados.

[4] Estas ideas de superar la relación sujeto-objeto de ida, a la relación de sujeto-objeto de ida y vuelto y por ende de sujeto-sujeto se puede rastrar en diferentes escritos de G. W. F. Hegel y en los maravillosos trabajos realizados por el emérito Rubén R. Dri.