Crónica umbilical

Apenas pisé el suelo de Los Beatles, de Shakespeare, de la princesa Diana y su Carlitos, de nuestros enemigos en la guerra cachivache (como todas) que podemos llamar “contemporánea”, di lugar a mi primera asociación libre y completamente ilícita: sentí que estaba en alguna parte de la costa atlántica, mas precisamente Pinamar. ¿Por qué me fui a aquellas playas? Supongo que porque en ellas veraneé muchos años hospedada en el departamento de mi amiga Dana y porque era allí donde me sentía como en casa (con la familia de mi amiga, con mi amiga, con el mar, mi adolescencia a un micro de distancia de mi cama y mis petates), pero de vacaciones (es decir, mil veces mejor). En ese momento, ante tanta extrañeza, ante tanto océano cruzado, ante tanta velocidad, necesitaba creer que conocía aquel país que era completamente ajeno para no querer esconderme debajo de una cama.

Una mirada sobre “La Nona”, la reflexión la invito yo… – Andén 50

Vejez, ancianidad, tercera edad; tópicos que habitualmente no solemos tocar, como si después de cierta edad uno quedara fuera, incluso del discurso. El arte, universo infinito, es aún uno de los espacios que contiene a “los viejos” tanto desde la representación como desde la acción. Vale la pena atender a algunas de sus representaciones para pensar cómo los vemos y cómo los tratamos.

Mirada a Los bárbaros, ensayo sobre la mutación: El principio del mundo bárbaro

Somos esquizofrénicos. Lo sospechaba desde hace un tiempo, pero días atrás caí en la cuenta. Repito: todos somos esquizofrénicos. Los síntomas de la dolencia, nebulosos y oscuros pero siempre alrededor de nosotros, son aclarados por un italiano, académico él, llamado Alessandro Baricco, también conocido como “el autor de Seda”, aquella novelita preciosa donde la poesía y la mejor expresión de la redundancia comandan las riendas de un amor inolvidable. Esa destreza narrativa se pone al servicio de Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación, libro que recopila una serie de columnas que el autor publicó entre mayo y octubre de 2006 en el diario romano la Repubblica, y al que podemos acceder en español a través de una edición reciente de Anagrama.

¿Existió el pais Rioplatense?

En los fundamentos y razones del adagio de Ortega y Gasset “el hombre y sus circunstancias” encontramos los orígenes subliminales de la existencia del “PAIS RIOPLATENSE”. Pienso que ¡¡sí… existió…!! Porque estuvo vivo por más de 50 años, los primeros del siglo XX, en la realidad emocional de quienes habitaban las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, y su territorio virtual fueron las orillas y aledaños del Río de la Plata. Río Dulce de Solís, que fue su columna vertebral en territorio y cuantificó los buenos momentos que sucedieron en esos 50 años, a todos cuanto vivieron una época: inolvidablemente “loca”.

Con las piernas de punta

Las danzas de corte florecen en lo que hoy se conoce como Italia. En ese entonces no era un territorio unificado, y en sus distintas cortes, los príncipes, con el propósito de aumentar su prestigio e impresionar a sus vecinos, alentaron el arte y la enseñanza en la corte. En efecto, surgen los primeros maestros de danza, entre ellos Domenico di Piacenza. La palabra “ballet” es de origen italiano y deriva del verbo ballare, que quiere decir bailar.