Toda política social es necesaria. Aunque los amantes del sálvese quien pueda opinen otra cosa, si no se integra al necesitado a través de la ayuda del Estado, lo que hoy es un ahorro en pan será mañana un gasto en balas. Y nunca el dinero invertido en plomo se vuelve redituable.

Podemos (debemos) monitorear, sopesar, analizar toda política social, evaluar si construye realmente, si libera o ata a la misma situación que debería palear. Todos formamos parte de una misma red comunitaria. Razón suficiente para no sólo izar las banderas de una conciencia social por humanismo sino también por conveniencia. Puede que un día los dioses vuelvan de sus vacaciones cósmicas y nos dejen en pampa y la vía con nuestros sueños y nuestras hipotecas a medio gatillar, y eso es algo, doy fe, más usual de lo que parece. Por eso 5 discos 5 por ahí no tan políticos, por ahí no tan sociales pero sobre todas las cosas 5 discos que ayudan cuando uno más lo necesita, como un libro, un amigo o un psicoanalista


 

Black symphony – 2008 – Within Temptetion. Tengo una deuda de sangre con este disco. No la saldaré hoy. Sólo diré a su favor que ahuyenta el suicidio. No cura heridas, las deja intactas y acaso las haga doler mucho más, pero la furia, la desesperación, el desamor y la traición se cauterizan a medida que se escucha. La mitológica voz de Sharon den Adel exorciza los demonios que la neurosis y la vida nos ponen en la mente. Acaso por su épica, por su romanticismo decimonónico, por la violencia desgarrada de un metal sinfónico que alcanza simas impensadas, esta placa conjuga lo clásico y lo moderno, el llanto y la risa desencajada. Contémplese “The Promise”, el clímax más desolador y el bálsamo más triste de una redención sin rumbos.

 

 

Là ou je pars – 2006 -Emmanuel Moire. Bien dicen que la serpiente tentó a eva hablándole en francés. Este disco podría destilar mediocridad si fuese cantado en castellano o inglés pero el idioma de Rimbaud y Camus lo dotan de una belleza etérea que hace olvidar su raigambre melosa. La grandilocuencia de sus orquestaciones pop y ese je t’aime cada dos oraciones podría fastidiar a cualquier conocedor del idioma o habitual oyente de música francesa pero si se dejan de lado estos detalles, esta placa de muchacho carilindo/voz de miel apto para cualquier radio fórmula con ratón Mickey de sponsor, bien podría servir para ayudar a cualquier corazón roto con ganas de salir por la mañana y ver que aunque no lo veamos, el sol siempre está.

 

 

Sea -2001 – Jorge Drexler. Ya no es ni un misterio, ni un gusto para pocos. Su voz cálida y sus letras políticamente correctas se pasean por lo mainstream y lo independiente con la comodidad de un clásico. En éste, el disco que lo estableció definitivamente entre los popes del género de autor, Drexler desplegó la sencillez de su poesía para fundirla con ritmos tradicionales uruguayos y el fino artificio de la electrónica más humana. Canciones como “me haces bien”, o la sublime “Un País Con El Nombre De Un Río” son el testimonio de que alguien, alguna vez, reelaboró lo enseñado por los grandes cauntautores y lo sintetizó con belleza, fortuna y honestidad. Ayuda, cura, sana y deja atrás, por un rato, las heridas. No es poca cosa.

 

 

Raro –2006- Cuarteto de Nos. Segundo disco uruguayo de esta partida. Esta placa del Cuarteto de Nos ayuda desde el punto de vista del reflejo en el espejo. Proyecta lo que somos, las contradicciones que padecemos, nuestros miedos, nuestros sueños extraviados, las fantasías y los terrores de una vida vivida como la de cualquier palurdo que se precie. “Ya No Sé Que Hacer Conmigo” “Pobre Papá” y la imponente “Invierno del 92” desnudan los prejuicios de una clase media decadente, los ridiculizan, los encarnan y de algún modo los exorcizan al exponerlos para que los escuchen quienes se sentirán representados a través de esas letras por momentos exasperantes y lejanamente melancólicas. Un disco que ayuda desde el contraste, por transferencia, en el fondo social y político, con humor y con franqueza.

 

 

Yo, mí, me, contigo – 1998 – Joaquín Sabina. Sabina en sí mismo es una política social. Su poética lleva hacia el extremo el desencajado memorial de cualquiera que haya vivido, amado y perdido. Como para comprobar que esa gente de la que uno se enamora no son más que “Aves de paso”; rememora pasiones de poca monta, los encuentros afortunados que acaban volviéndose lamentos (“Y sin embargo”) o lucidamente parodia el flasheo pasajero como en “el rock & roll de los idiotas” donde le da una mano a quienes no asumen aun la fragilidad del encuentro al que se llega “con un alma de tahúr que apuesta a doble o nada” y que muy probablemente pierda, porque no hay sueños que duren más que lo que duran un beso o un adiós.