El barroco es un período musical inmenso, no sólo por su duración sino por su descomunal producción. Asimismo, fue la etapa en la que se gestaron y consolidaron las formas que regirían la creación musical de, al menos, los siguientes doscientos cincuenta años.

 Manfred Bukofzer en La música en la época barroca —citando los ejemplos de Monteverdi y Bach— nos dice que si bien las diferencias entre ambos son numerosas, comparten dos recursos que son fundamentales en la música de este período: el recitativo y el bajo continuo[1]; y que sin embargo, en cuanto a su aplicación, sus diferencias resultan más significativas que sus similitudes.

Como vimos en otra oportunidad, la evolución hacia el barroco se produjo por el cambio de textura de la polifonía a la monodia acompañada[2]. Hacia 1600, Vicenzo Galilei (padre de Galileo), Giulio Caccini y el mismo Claudio Monteverdi nos hablan, de diferentes maneras, de la prima prattica (la polifonía) y la seconda prattica (la monodia acompañada). Ellos estaban muy concientes de que un cambio de este tipo significaba una extraordinaria transformación del lenguaje musical. La voz humana solista había copado la escena y tres géneros importantísimos dieron cuenta de esto: la ópera y, luego, la cantata (heredera directa del madrigal) y el oratorio.

Retomando a Bukofzer, vamos a establecer algunas diferencias entre los distintos períodos del barroco. En el barroco temprano (1580-1630) hay dos ideas que gobiernan la producción musical: la oposición al contrapunto (polifonía) y la interpretación ferviente de las letras, visible en los recitativos de las óperas del período. La armonía es experimental y pretonal (sus acordes no responden a una estructura). Por este motivo, no se podía mantener un movimiento prolongado y las piezas son de corta duración y divididas en secciones. El dominio de la música vocal sobre la instrumental es notable. Los músicos más representativos son Giovanni Gabrieli, Monteverdi, Frescobaldi y Heinrch Schütz.

 

En el barroco medio (1630-1680) la ópera se expande por Italia y el resto de Europa, y se consolidan la cantata y el oratorio. La distinción entre recitativo y aria es clarísima y las formas musicales evolucionan para retomar la textura contrapuntística. Los modos se reducen a mayor y menor[3] y con ello aparece una tonalidad rudimentaria. La música vocal e instrumental adquieren igual importancia. Los compositores más destacados son Luigi Rossi, Carissimi, Lully y Purcell.

 

El barroco tardío (1680-1730, hasta 1750 en Alemania) se caracteriza por una tonalidad sólidamente constituida. La técnica contrapuntística se halla en su apogeo: habiendo absorbido plenamente la armonía tonal, las voces no se mueven libremente, sino que responden a la estructura armónica subyacente. Es el período de plenitud del estilo concertato y del concierto. Los intercambios entre los lenguajes vocal e instrumental son numerosísimos (unos imitan las posibilidades de los otros). La música instrumental dominó la música vocal. Las figuras más importantes son Corelli, Vivaldi, François Couperin, Alessandro Scarlatti, Domenico Scarlatti, Rameau, Haendel y Bach.

 

En esta oportunidad, y para iniciar el recorrido por el barroco, voy a hablarles de uno de los géneros más importantes del período: la Ópera. Ésta es una obra teatral en la que se combinan el soliloquio, el diálogo, los decorados, la acción y la música continua (o casi continua). Se gesta en Florencia, en el seno de la Camerata Florentina. Al comienzo, la música formaba parte de los entreactos de las pastorales[4], y luego empezó a intervenir en la escena. De ahí a musicalizarla en su totalidad hay un solo paso. En 1600 nace oficialmente la ópera con el estreno de Eurídice (hoy perdida) del músico Jacopo Peri (1561-1633) y del poeta Ottavio Rinuccini (1562-1621) en ocasión de la boda entre Enrique IV de Francia y María de Medici.

Los músicos que encararon este nuevo género estaban preocupados por obtener una canción que fuera mezcla entre la voz hablada y la voz cantada. Peri se propuso inventar un nuevo estilo que fuera algo así como una canción recitada, una declamación cantada. Al tener clara la necesidad de mantener un ritmo armónico uniforme, se utilizó un bajo continuo para contener la libertad armónica y rítmica de la voz, fundamentales a la hora de lograr una adecuada imitación de la voz hablada. A este modo de declamación cantada se lo llamó stile recitativo.

Si bien la gran innovación que trajo la ópera en cuanto a formas musicales fue el recitativo, no  debemos olvidar que era una construcción de números musicales de forma más bien libre que relataban los hechos dramáticos (recitativos), con números musicales de forma cerrada, es decir, con un ritmo marcado, reservados para los momentos en el que se manifiestan los pensamientos y se expresan los sentimientos que los hechos producen en los personajes (arias). También cuentan con números instrumentales, entre los que se destacan las introducciones y los ritornellos (separan las estrofas y son de carácter recurrente). Sin embargo, las óperas que vieron la luz en la camerata contaban con un stile recitativo casi exclusivo y continuo, dado que el espíritu de la reforma iniciada en Florencia estaba estrechamente ligado a este concepto. Tendría que llegar el genio monteverdiano para incluir los elementos que hicieron madurar al género e  indicar el camino que luego seguiría.

En esta ocasión, voy a recomendarles una sola obra. Se trata de L’Orfeo de Claudio Monteverdi y del poeta Alessandro Striggio, de 1607. El poema se basa en la obra L’Eurídice de Rinuccini, utilizado en la ópera de Peri. Striggio amplió el poema original hasta darle la forma final en cinco actos precedidos por un prólogo.

La ópera comienza con una tocata de metales (trompetas) seguida de un ritornello, que se repetirá varias veces durante toda la obra, anticipando al prólogo, donde se cantan alabanzas al público presente, pidiendo silencio mientras se narra la historia de Orfeo.

Los primeros dos actos son de carácter pastoril. Orfeo y Eurídice, acompañados por los pastores y las ninfas celebran su boda. En el segundo acto la obra llega a su primer clímax con la aparición de la mensajera que anuncia la muerte de Eurídice. En este momento la atmósfera musical comienza a transformarse anticipando la naturaleza de la obra una vez que Orfeo descienda al mundo de los muertos.

Los dos actos siguientes transcurren en el infierno. Monteverdi utilizó coros en registros graves e instrumentos de sonido tenebroso para lograr una coloración sombría y así representar el sitio en el que se desarrolla la acción. En el tercer acto, con el aria de Orfeo Possente Spirito, la obra llega a su segundo clímax.

En el quinto acto vemos cómo Orfeo es invitado por su padre al reino de los cielos y la obra finaliza con la ascensión de ambos.

Monteverdi utilizó una orquesta de más de cuarenta instrumentos que nunca tocan al mismo tiempo: vientos, cuerdas y varios instrumentos de continuo. L’Orfeo presentó dos novedades importantísimas: una de ellas es la indicación de qué instrumento debe tocar cada parte, con el objetivo de lograr un color determinado para la expresión de cada sentimiento; la otra es la introducción de aires para solo, dúo, conjuntos madrigalescos y danzas que contrastan con el recitativo.

En 1607 está casi todo dicho. El genio monteverdiano lo hizo posible. Es que en realidad, con las dimensiones que abarca, con la concepción de la orquestación, con la inclusión de las formas cerradas, con climas logrados magistralmente, L’Orfeo constituye el modelo sobre el cual se construyó la historia de la ópera.


[1] Es el apoyo instrumental de la melodía de una pieza, su base armónica. Se lo llama así porque está siempre presente. Los instrumentos de continuo pueden ser clave, laúd, órgano, viola da gamba.

[2] Melodía solista con acompañamiento instrumental.

[3] Ver UNA QUE SEPAMOS TODOS I, en ANDEN 29.

[4] Fue un género literario del renacimiento con historias de carácter idílico y amatorio. Eran obras de contenido ligero.


Bibliografía:

. Bukofzer, M, La música en la época barroca, Alianza Música, Madrid, 1994

. Grout – Palisca, Historia de la música occidental, 1, Alianza Música, Madrid, 2001

. Suárez Urtubey, P, Historia de la Música, Claridad, Buenos Aires, 2007.