Luego de las elecciones legislativas en Venezuela, del 26 de septiembre, los universitarios consideran que es tiempo de profundizar la Revolución Bolivariana. Una universidad que dé respuestas a las necesidades de la población, que sea la cuna del pensamiento crítico y cuyos estudiantes debatan constantemente sobre cómo debe ser la sociedad y sean sensibles a las carencias de la sociedad para no seguir reproduciendo personas como las que votaron en contra del proceso de cambio.

El pasado 26 de septiembre, se efectuaron una vez más elecciones en Venezuela. Un proceso que reafirma la democracia y la constante participación de la gente en las decisiones del país. En esta oportunidad, se decidía quiénes iban a ser los próximos diputados y diputadas que durante los próximos 5 años estarán en la Asamblea Nacional debatiendo sobre qué leyes son necesarias revisar para mejorar o para cambiar completamente su funcionamiento.

Estas elecciones dieron como resultado que de los 165 puestos en la Asamblea Nacional, el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) logró obtener 98 diputados, el PPT (Patria Para Todos) 2 diputados, y la MUD (Mesa de la Unidad Democrática o de Ultra Derecha) obtuvo 65 diputados a la asamblea. De esta manera, el PSUV conquistó una victoria contundente: la mayoría absoluta en el parlamento, lo que le permite aprobar leyes regulares con facilidad, y con un eventual apoyo del PPT aprobar una Ley Habilitante.

Con este nuevo panorama político en la Asamblea, está claro que la misión de los diputados representantes de los sectores más conservadores y reaccionarios del país trabajarán no en función de mejorar la vida de las venezolanas y venezolanos. Todo lo contrario, su objetivo es claro: tratar de frenar nuestra Revolución, este hermoso proceso de cambios que hemos venido viviendo durante los últimos 10 años, y que ha logrado mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del país.

Me niego a creer que todos los venezolanos que no votaron a favor de los candidatos de la revolución sean malas personas, quieran tener menos acceso a la educación, a la salud, o quieran entregar el país al imperialismo norteamericano. Me atrevo a decir que simplemente son víctimas inocentes de esta seudo dirigencia de la derecha, que tiene su máxima expresión en la mayoría de los medios de comunicación del país (radiales y televisivos). Esta oposición venezolana en su mayoría pertenece a la clase trabajadora y, sin embargo, defienden los intereses de la burguesía parasitaria que tenemos en el país.

Hay que decirlo, la burguesía en Venezuela no está interesada en el desarrollo del país, vive de la renta petrolera. Es difícil entender cómo pueden existir personas que defiendan los interesas de esta burguesía, personas que no están de acuerdo con la revolución simplemente para que otros sigan teniendo lo que ellos nunca van a tener. Porque es impensable que en un país como Venezuela que tiene 30 millones habitantes, 5 millones sean  burgueses.

Esto nos deja en claro que el grueso de la oposición venezolana es de clase trabajadora. Esta oposición de clase trabajadora está muy confundida, protesta por los intereses de otros, se identifica por los intereses de otros. Lo que parece absurdo puesto que esta clase trabajadora se ha visto bastante beneficiada por la revolución, con medidas como la eliminación de “créditos balón” que cobraban intereses sobre intereses, el congelamiento de todos los alquileres de inmuebles, la intervención de bancos que pretendían quebrar y llevarse todos los ahorros (cosa que ya pasó en los 90). Y es que parecen estar de acuerdo con seguir siendo explotados por los mismos de siempre, por esta burguesía que defienden, no parecen querer su libertad, han perdido el sentido común. Están realmente confundidos, sufren de algo llamado “falta de conciencia de clase”.  Está claro que la causa de esto no se limita a un factor aislado como puede serlo la radio o la televisión. Los medios de comunicación simplemente se aprovechan de la falta de sensibilidad y la falta de sentido de estas personas para manipularlas.

Detrás de todo esto se encuentra el sistema educativo venezolano, creado por la “Democracia Representativa” buscando academizar a la juventud de aquel entonces para que se adormeciera y perdiera su rebeldía. La juventud en el mundo se ha caracterizado por su criticidad al orden de las cosas, por su naturaleza de rebelarse contra las estructuras de dominación. En particular, en Venezuela tenemos ejemplos importantes: en los años 20, la juventud se alzó y derrocó la dictadura de Juan Vicente Gómez; en los 60, la juventud luchó incansablemente contra el gobierno imperialista y por la autonomía de las universidades (lo que costó muchas vidas); en los 70 y 80, la juventud se alzó una vez más desde las universidades en contra de los gobiernos neoliberales que aplicaban las políticas que venían de los E.E. U.U., lo que desencadenó en una rebelión general de la sociedad llamada el “El Caracazo”, y que abriría paso al descontento general de la población hacia los gobiernos de la llamada “Democracia Representativa”.

Hace poco se aprobó en el país una nueva Ley Orgánica de Educación, en la cual se cambió radicalmente ese viejo sistema de educación alienante y positivista que cercenaba la mentalidad de nuestros jóvenes. En ella se contempla un nuevo sistema de educación y de formación. Un sistema que busca desarrollar a plenitud las capacidades y aptitudes del estudiante, y que evolucione en todas sus facetas, no sólo lo meramente académico.

Sin embargo, hoy las principales universidades públicas del país están siendo controladas por la derecha más conservadora y corrupta. Por rectores que usan el presupuesto correspondiente a los estudiantes y trabajadores de la universidad para su beneficio personal, y para ello se apoyan en la autonomía de las universidades, esa autonomía que 40 años antes el entonces presidente de la derecha Rafael Caldera violó invadiendo con tanques la universidad. Esto denota lo poco ético, lo cínico de estas autoridades universitarias que dicen defender la democracia y que se oponen a aceptar esta nueva Ley de Educación.

Por eso, el papel que juega en este momento la juventud venezolana es fundamental. En estos momentos la juventud revolucionaria del país tiene que asumir el papel que la historia le reclama. Tiene que contribuir con romper todos los esquemas, tiene que ser el sector más crítico del proceso revolucionario. Tiene que contribuir con la profundización de la revolución en los espacios que le competen, que principalmente es la universidad.  Es necesario que la juventud revolucionaria asuma hegemónicamente este espacio, y haga de él lo más fructífero para la revolución.

La revolución pide una universidad que dé respuestas a las necesidades de la población, una universidad que sea la cuna del pensamiento crítico y cuyos estudiantes debatan constantemente sobre cómo debe ser la sociedad que queremos. En definitiva, se necesita una universidad que forme seres críticos, sensibles a las carencias de la sociedad, con conciencia de clase, para no seguir reproduciendo personas como las que en estas elecciones votaron en contra del proceso de cambio que lidera el presidente Chávez. Y para que en un futuro cercano las discusiones en nuestra Asamblea Nacional sean todas sobre cómo solventar los problemas de la sociedad y no sobre por qué apoyar o no el socialismo■